Hay un momento en la vida… en el que uno deja de preguntarse dónde vive… y empieza a reflexionar… ¿de dónde soy?
A mí me pasó lejos de aquí. Mis abuelos se fueron buscando futuro. Como tantos. Y sin darse cuenta… se llevaron Los Pedroches enteros en la forma de hablar… en las comidas… en las historias de sobremesa…
Yo crecí escuchando nombres de pueblos como quien escucha leyendas. Volví pensando que venía a conocer un lugar. Y descubrí que un lugar… también puede conocerte a ti.
Aquí el tiempo no corre. Respira. Aquí las noches todavía tienen estrellas. Hay sitios donde uno consume tiempo. Y hay lugares donde el tiempo se comparte.
Aquí nadie te pregunta quién eres demasiado rápido. Primero te sientan a la mesa. Y entonces entiendes que el lujo verdadero… era esto.
Pensaba que había vuelto a un lugar tranquilo. Pero Los Pedroches no están vacíos. Están llenos de memoria. De gente que resiste. Que celebra. Que comparte. Aquí todavía sabemos mirarnos a los ojos. Todavía sabemos parar.
Dicen que para ser universal hay que parecerse al mundo. Pero quizá… lo verdaderamente universal… sea parecerse a tu verdad.
Los Pedroches es una comarca extensa en el mapa. Pero enorme en la memoria de quien los vive. Por eso esto no es solo un destino. Es una forma de volver.
Hay lugares que visitas. Y hay lugares que te recuerdan quién eres.
Redescubre Los Pedroches, la tierra de tus ancestros. Y si no tienes nada que ver con este lugar, igual después de ver y escuchar que somos un territorio global decides venir, busca tu sitio aquí, porque
Los Pedroches. Más que un destino son una pertenencia.